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Imperiofobia, de María Elvira Roca Barea. Un ensayo imprescindible.

Precede a este ensayo la fama de sus ya veintidós ediciones y no para; y he de decir que es en mi opinión fama justa, porque el libro ha supuesto un aldabonazo en mi esquema histórico de España, y creo que lo habrá sido también en sus decenas, sino centenares de miles de lectores; incluso para aquellos que como yo, ya hayan dedicado tiempo y ganas al conocimiento de nuestra historia.
Roca Barea aborda el siempre espinoso asunto de nuestra Leyenda Negra, abundando además en otras leyendas negras de otros tantos imperios históricos, tal cual Roma, Rusia o Estados Unidos; si bien la parte del león en el ensayo se la lleva el Imperio Español. Y la aborda con tal profusión de datos, matices y argumentos, que a ratos resulta apabullante; al punto de lograr que el lector pase del asombro al humor e incluso al enfado, en aquellas ocasiones en las que los datos comparados producen estupor.
Conocía yo, por ser de mi interés, muchas de las realidades y circunstancias desgranadas en la obra, per…
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Juntacadáveres. Volviendo a Onetti.

Se me achaca querencia por los escritores latinoamericanos. Es una acusación cierta, no puedo evitarlo; aún más, soy de la opinión de que manejan el idioma mejor que nosotros.
No vamos a descubrir a Onetti, claro, pero uno nunca deja de sorprenderse con el alcance de su prosa, especialmente en lo que toca a la profundidad del tratamiento psicológico de sus personajes, el modo en que describe cada uno de sus pensamientos, aprensiones, temores y deducciones, milímetro a milímetro, sin una palabra de más ni de menos.
Juntacadáveres es un capítulo más en el universo literario de Onetti, de su Santa María, de La Colonia de los suizos, de sus personajes transitando sucesivas novelas: el médico Díaz Grey, Barthé el boticario, el padre Bergner, el propio Larsen, más conocido por su apelativo de Juntacadáveres o simplemente Junta; empeñado en este relato que de alguna manera continúa El Astillero (otra obra cumbre del autor), en alcanzar su viejo sueño de montar un prostíbulo en Santa María,…

Sobre Héroes y Tumbas. Ernesto Sábato: una relectura infinita.

Cuando no sé muy bien qué leer o las novedades me ponen apático, me suelo inclinar por las relecturas. Siempre descubro algo; en ocasiones todo, como si el libro hubiera mudado, cuando con seguridad es uno quien lo ha hecho, quizás porque no somos los mismos o porque la lectura nos ha pillado en un momento muy otro de aquel, cuando tomamos esa novela por primera vez. No me pasa eso con Sábato y menos con esta novela, que es uno de mis relatos fetiche, el tipo de ficción con el que se manifiesta un antes y un después, sin distorsión producida por los años, la suma de lecturas, los cambios en uno. Y cuando eso sucede, no queda más remedio que admitir que se está ante una obra maestra, a mí así me lo parece y aunque no es la primera vez que releo Héroes y Tumbas, me sigue dejando molido, abrumado, con esa abrumación que nos produce lo extraordinario, lo absoluto. Con Sábato sucede un tedio o un respingo, según el lector. Yo pertenezco al segundo grupo y voy a tratar de decir algo sobre e…

El Pintor de Batallas - Arturo Pérez-Reverte. Una instrospección.

Nunca había leído a Pérez-Reverte. Tenía y tengo de él un inmejorable concepto como persona singular y lúcida, independiente y crítica, en sus entrevistas, sus columnas de opinión y todo lo que se deriva de su quehacer mediático. Pero como escritor nunca me atrajo; le tenía encasillado en sus novelas de capa y espada llevadas al cine, como un autor de evasión y aventuras puesto al día según los gustos actuales; así que jamás abordé un libro suyo. Sucedió lo que sucede tantas veces: alguien te cuenta, alguien que no recuerdas te ha dicho que estás muy equivocado... y cuando en casa de un amigo me encontré con este libro, me dije que esta era la ocasión. Y sí, he de admitir que una vez más, prejuzgar suele conducir a perderse algo de la vida: Pérez-Reverte escribe muy bien, eso era casi previsible, pero además cuenta cosas y las cuenta con un verbo exacto, sobrio y sin embargo expresivo. El Pintor de Batallas desgrana los recuerdos de un hombre -Faulques- que pinta en un muro circular …

El Bosque de la Noche - Djuna Barnes. La fatiga de interpretar y contextualizar.

Es esta una novela intocable, que pasa por ser una de las cumbres narrativas del siglo XX. Para llegar a tan feliz conclusión, al lector le espera un arduo trabajo: El de leer una novela corta que se hace larga, por mor de una expresión lingüística autobligada a colocar una metáfora, un oximorón o cualquier otro adorno literario cada poco más de tres líneas. No hay exageración en lo que digo: Todo el relato camina con la torpeza inherente a la acumulación de brillantes disquisiciones sobre lo dicho en la frase anterior, a un extremo tal, que el exasperado lector se verá a menudo en la necesidad de releer la parrafada, para hilvanar significados a veces tan arcanos y ambiguos, tan inescrutables, que solo queda seguir leyendo como si nada, empujando esta trenzada historia amorosa entre tres mujeres muy disímiles y algo esperpénticas, un convidado de piedra en forma de judío errante que no entiende nada, y un doctor O'Connor que se perfila con demasiada evidencia como el vocero de l…

Justine - Lawrence Durrell. La maestría de retratar sin definir.

Zambullirse en los viejos maestros, es un eterno recordatorio de buen hacer literario, de cómo se plasma una realidad sin dar explicaciones ni aclaraciones al lector. Como en un lienzo, las pinceladas van cayendo aquí y allá, a veces de un modo que se diría anárquico, pero que van conformando un paisaje cada vez más nítido, hasta su concreción final, cuando el rotundo cuadro ante nuestros ojos no deja lugar a la duda, o no a más dudas de las que desea el autor.
A menudo, un relato se explicita con maneras casi panfletarias, tratando de guiar al lector, presentarle una óptica indubitable, aclararle todo concepto. Rescatemos entonces a Durrell en este Justine, primer fresco del Cuarteto de Alejandría, para reencontrarnos con la maestría de retratar sin definir. Los personajes van descendiendo sobre sus páginas casi con apatía, con referencias cruzadas de unos sobre otros, evocaciones, comentarios, cartas y diarios, recuerdos no siempre nítidos. En primera persona, el protagonista va de…

Duermen bajo las aguas. Carmen Kurtz

Hay libros que le atrapan a uno desde el título, pero también hay títulos sugestivos que luego no se compadecen de las expectativas suscitadas por ellos mismos. Entre los que siempre me impactaron, me vienen a la memoria Eloisa está debajo de un almendro, El hombre que fue jueves, Duermen bajo las aguas. Abordé la obra de Carmen Kurtz esta primavera, casi como una asignatura pendiente. Su autora se inclinó pronto por la literatura infantil y nunca repitió el aldabonazo de esta narración, a cuya sombra fue quedando desdibujada del panorama literario nacional. Me embaulé entonces Duermen bajo las aguas, a la que me acerqué sin la mínima noción de su contenido, y me dejó un sabor agridulce: De un lado, me supo a poco la prosa previsible y desfasada, agravada por un relato que por momentos me evocaba Mujercitas; la deriva vital de una joven de clase alta a la que la vida ha tratado bien, manteniéndola en una burbuja rosada, muy al margen de la realidad; una burbuja que explota en la cara…